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Energía 2025: el futuro requiere seguridad e inteligencia

Cómo la IA está Redefiniendo el Futuro de la Energía entre el Potencial y el Peligro

 

El Trilema Energético en la Era Digital

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El sector energético global se encuentra en una encrucijada histórica, lidiando con el formidable “trilema” de nuestro tiempo: cómo garantizar un suministro energético seguro y fiable, que sea a la vez asequible para los consumidores y ambientalmente sostenible para el planeta.

Esta triple exigencia, impulsada por la urgencia del cambio climático, la volatilidad geopolítica y las crecientes demandas de una población mundial en expansión, ha convertido la innovación tecnológica no en un lujo, sino en un imperativo de supervivencia y competitividad.

En este contexto de transformación radical, la Inteligencia Artificial (IA) emerge como la fuerza más disruptiva y prometedora, con el potencial de reconfigurar cada eslabón de la cadena de valor energética.

Sin embargo, el camino hacia un futuro energético impulsado por la IA está lejos de ser una línea recta.

Un nuevo y revelador estudio de Accenture arroja luz sobre una paradoja fascinante: mientras una mayoría de las compañías energéticas ya está dando pasos firmes en la implementación de ecosistemas de agentes de IA, la adopción a gran escala de su vertiente más revolucionaria, la IA Generativa, junto con la necesaria reconfiguración de la fuerza laboral y el establecimiento de una gobernanza ética, presenta un panorama de preocupante rezago.

Este análisis profundo, basado en los datos del estudio, explorará la dualidad de este momento: el amanecer de las operaciones inteligentes liderado por agentes de IA, los formidables obstáculos que frenan la revolución generativa, el urgente desafío de preparar el talento humano para una nueva era de colaboración hombre-máquina y el imperativo crítico de construir un marco de confianza y seguridad para una tecnología de poder sin precedentes.

La conclusión es clara: el éxito de la IA en el sector energético no será medido por la sofisticación de sus algoritmos, sino por la sabiduría con que las organizaciones gestionen su implementación humana, estratégica y ética.

La Vanguardia de la Eficiencia – Los Agentes de IA Lideran la Carga

El dato más contundente del informe de Accenture es que un impresionante 63% de los ejecutivos del sector energético afirma que sus organizaciones ya han invertido en el desarrollo de una arquitectura agéntica. Esta cifra no es trivial; señala un cambio fundamental en cómo la industria concibe la automatización y la inteligencia.

Pero, ¿qué es exactamente una “arquitectura agéntica” y por qué está capturando la atención y la inversión de la industria de forma tan decisiva?

A diferencia de los modelos de IA tradicionales, que son a menudo pasivos y reactivos (diseñados para analizar datos y ofrecer una predicción o clasificación cuando se les solicita), los agentes de IA son sistemas proactivos y autónomos.

Funcionan como “trabajadores digitales” que pueden percibir su entorno, tomar decisiones y ejecutar tareas complejas para alcanzar objetivos específicos sin intervención humana constante.

Un ecosistema de estos agentes puede colaborar para gestionar sistemas increíblemente complejos, como una red eléctrica o una planta de generación. Esta capacidad para la acción autónoma y coordinada es precisamente lo que el sector energético, un campo de sistemas físicos masivos y distribuidos, necesita desesperadamente.

La aplicación de estos agentes está revolucionando las operaciones diarias, tal y como destaca Nicolás Ruíz Moreno, líder de Consultoría en Energía de Accenture Argentina:

“La adopción de AI permite predecir fallas y anomalías a nivel de generación, transporte y distribución de la energía. También, permite pasar de realización de mantenimientos preventivos a mantenimientos predictivos, optimizando tiempos y costos asociados”.

Este cambio de un mantenimiento preventivo (basado en calendarios fijos) a uno predictivo (basado en la condición real del equipo) es una de las transformaciones más rentables.

Imaginemos una vasta granja eólica en la Patagonia. Miles de sensores en cada turbina miden constantemente la vibración, la temperatura del aceite, la velocidad de rotación y las tensiones estructurales.

Un agente de IA ingiere este torrente de datos en tiempo real.

Cruzando esta información con datos históricos de fallos y previsiones meteorológicas, el agente puede predecir con semanas de antelación que el rodamiento de una turbina específica tiene un 95% de probabilidad de fallar.

En lugar de una avería catastrófica que detenga la producción y requiera una reparación de emergencia costosa, la compañía puede planificar una parada de mantenimiento precisa, enviando un dron para una inspección visual confirmatoria y programando un equipo de técnicos con la pieza de repuesto exacta, minimizando el tiempo de inactividad y maximizando la producción de energía.

Esta lógica se extiende a toda la red. En el transporte, agentes de IA monitorean miles de kilómetros de líneas de alta tensión y gasoductos, detectando puntos calientes, corrosión o vegetación invasora que podría causar un cortocircuito.

En la distribución, gestionan el flujo de energía en redes urbanas complejas, equilibrando la oferta y la demanda en milisegundos para prevenir sobrecargas, reducir pérdidas y mejorar la eficiencia general de la red.

Como señala Ruíz Moreno, esto “ayuda a prevenir sobrecargas, reducir pérdidas y mejorar la eficiencia general de la red y le permite a las compañías de energía reducir el tiempo de inactividad y los costos asociados con reparaciones de emergencia.”

Más allá del mantenimiento, los agentes de IA están optimizando la logística de la cadena de suministro (asegurando la entrega justo a tiempo de combustible o repuestos), automatizando las operaciones del mercado energético (ejecutando compras y ventas de energía basadas en complejos algoritmos de predicción de precios) y mejorando la seguridad de los trabajadores mediante el monitoreo de entornos peligrosos.

El 63% no es solo una estadística de adopción; es la prueba de que la industria ha encontrado en los agentes de IA una herramienta pragmática y de alto impacto para abordar sus desafíos más inmediatos de eficiencia, fiabilidad y costo.

El Paradigma Generativo – Un Gigante Dormido Lleno de Potencial y Desafíos

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Si los agentes de IA representan la aplicación pragmática y ya consolidada de la inteligencia artificial, la IA Generativa (GenAI) es la frontera, el horizonte de posibilidades casi ilimitadas.

Sin embargo, es aquí donde el optimismo choca con la realidad operativa.

El estudio de Accenture revela una brecha significativa: solo el 36% de los ejecutivos del sector energético sostiene que su organización ya estaba escalando el uso de IA Generativa. Este desfase entre el 63% que invierte en agentes y el 36% que escala GenAI dibuja un panorama de cautela y dificultad.

¿Por qué una tecnología tan poderosa se enfrenta a un ritmo de adopción tan lento?

Primero, es crucial entender el potencial transformador de la GenAI en este sector. A diferencia de la IA analítica, que predice a partir de datos existentes, la GenAI crea contenido nuevo y complejo.

Sus aplicaciones son de una escala estratégica superior:

  1. Ingeniería y Diseño Acelerado: Un equipo de ingenieros podría pedir a un modelo de GenAI que genere cientos de diseños alternativos para una nueva pala de turbina eólica, especificando parámetros como la eficiencia aerodinámica deseada, la resistencia estructural y los materiales disponibles. El modelo podría producir diseños optimizados en horas, un proceso que tradicionalmente llevaría meses.
  2. Simulación y Gemelos Digitales Avanzados: La GenAI puede crear “gemelos digitales” de una fidelidad sin precedentes de una planta de energía nuclear, una refinería de petróleo o incluso de toda la red eléctrica nacional. Sobre estos modelos virtuales, las empresas pueden simular escenarios extremos (un ciberataque, un desastre natural, una caída abrupta de la demanda) para probar la resiliencia de sus sistemas y entrenar a sus operadores sin ningún riesgo físico.
  3. Descubrimiento de Materiales y Procesos: La GenAI puede analizar vastas bases de datos de investigación química y de materiales para proponer nuevos compuestos para baterías más eficientes, catalizadores más efectivos para la producción de hidrógeno verde o métodos de captura de carbono más económicos.
  4. Interfaz Humano-Máquina Inteligente: Un técnico de campo podría interactuar con un complejo sistema de control industrial a través de lenguaje natural, simplemente diciendo: “Ejecuta un diagnóstico del compresor C-102 y muéstrame las anomalías de vibración de las últimas 48 horas”. La GenAI actuaría como traductor universal entre el humano y la máquina.

El potencial es innegable, pero las barreras para escalar son formidables y explican la cifra del 36%. En primer lugar, la calidad y la accesibilidad de los datos son un obstáculo mayúsculo.

El sector energético está plagado de datos históricos almacenados en sistemas heredados (legacy systems), silos departamentales y formatos incompatibles.

Entrenar un modelo de GenAI robusto requiere conjuntos de datos masivos, limpios y bien estructurados, una tarea de ingeniería de datos monumental.

En segundo lugar, están en juego la fiabilidad y las altas consecuencias del error.

Un chatbot de servicio al cliente que genera una respuesta incorrecta es un inconveniente. Un modelo de GenAI que genera un código de operación erróneo para una subestación eléctrica puede causar un apagón masivo.

La necesidad de una validación exhaustiva, de mantener siempre a un “humano en el bucle” (human-in-the-loop) para las decisiones críticas, y la aversión al riesgo inherente a la gestión de infraestructura crítica ralentizan drásticamente la transición de proyectos piloto a una implementación a escala.

Finalmente, existen barreras de costo computacional y talento especializado. Entrenar modelos de lenguaje grandes (LLMs) y otros sistemas generativos consume una enorme cantidad de energía y requiere una infraestructura de computación especializada y costosa.

Irónicamente, la herramienta para optimizar la energía es, en sí misma, energéticamente intensiva.

Además, existe una escasez crítica de profesionales que combinen una alta especialización en IA con un conocimiento profundo de la física, la ingeniería y la regulación del sector energético. La brecha no es solo tecnológica, es fundamentalmente de recursos y de confianza en la fiabilidad de la tecnología.

El Factor Humano – La Urgente Necesidad de Reconfigurar la Fuerza Laboral

La tecnología, por más avanzada que sea, es solo una mitad de la ecuación.

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El valor real se desbloquea cuando las personas saben cómo utilizarla.

Es en este punto crucial donde el informe de Accenture revela la deficiencia más estratégica del sector energético: solo el 39% de los ejecutivos consultados dijo que cuenta hoy con un roadmap de cómo la IA generativa cambiará su fuerza laboral.

Este dato sugiere que la mayoría de las empresas están adquiriendo potentes motores de F1 sin tener pilotos entrenados ni un equipo de mecánicos preparado.

La IA generativa no se trata simplemente de automatizar tareas; se trata de amplificar el talento humano.

Promete una simbiosis, una colaboración en la que la máquina se encarga del trabajo pesado computacional y repetitivo, liberando al humano para centrarse en lo que mejor sabe hacer: el pensamiento estratégico, la creatividad, la resolución de problemas complejos y la interacción empática.

Sin embargo, para que esta simbiosis ocurra, es imprescindible, como advierte Ruíz Moreno de Accenture, que las compañías “reconfiguren los procesos y formas de trabajar para que las nuevas capacidades multi-agente potencien las habilidades entre los empleados”.

El no tener una hoja de ruta para este cambio es una omisión peligrosa.

Significa que las empresas corren el riesgo de una implementación fallida, de la resistencia de los empleados por miedo a la obsolescencia, y de la incapacidad de capturar el retorno de su inversión tecnológica.

La transformación de la fuerza laboral debe ser un pilar central de la estrategia de IA, no una ocurrencia tardía.

Esta reconfiguración implica varios cambios profundos. Tareas como “la facturación, el monitoreo de la red y la gestión de reclamos pueden ser realizados de manera más eficiente y precisa, liberando a los empleados para que se enfoquen en tareas más estratégicas”, explica Ruíz Moreno.

Un operador de sala de control, en lugar de pasar horas mirando docenas de monitores con datos crudos, pasará a supervisar a un agente de IA que monitorea miles de puntos de datos simultáneamente y solo alerta al humano cuando se requiere una decisión estratégica.

El rol evoluciona de “vigilante” a “estratega” o “supervisor de sistemas inteligentes”.

Veremos el auge de los “Centaúros”, un término acuñado para describir la colaboración hombre-máquina.

Un geólogo no será reemplazado por la IA; será un geólogo “aumentado” que utilizará un modelo generativo para analizar datos sísmicos y proponer en minutos las ubicaciones más prometedoras para la exploración geotérmica.

Un ingeniero de mantenimiento trabajará con gafas de realidad aumentada que, alimentadas por una IA, superponen instrucciones paso a paso y diagramas sobre la maquinaria real que está reparando.

Una hoja de ruta efectiva para la fuerza laboral debe incluir:

  1. Análisis de Brechas de Habilidades (Skill Gap Analysis): Una auditoría exhaustiva de las habilidades actuales de la plantilla y una definición clara de las competencias que serán necesarias en 3, 5 y 10 años. Esto incluye habilidades técnicas (ciencia de datos, supervisión de IA) y habilidades blandas (pensamiento crítico, adaptabilidad, colaboración creativa).
  2. Programas de Recualificación (Reskilling) y Mejora de Habilidades (Upskilling): Inversiones masivas en formación continua. Esto va más allá de cursos online; requiere academias internas, programas de mentoría inversa (donde los empleados más jóvenes y nativos digitales enseñan a los más experimentados) y proyectos piloto donde los equipos aprenden haciendo.
  3. Gestión del Cambio y Comunicación: Los líderes deben articular una visión clara y positiva del futuro del trabajo. Deben comunicar que el objetivo es la “aumentación”, no la “automatización” de los empleos, y que la IA es una herramienta para hacer el trabajo más interesante, seguro y valioso, no para eliminarlo.
  4. Creación de Nuevos Roles: Las empresas deben empezar a definir y contratar para los trabajos del futuro: Entrenador de IA, Auditor de Algoritmos, Especialista en Ética de IA, Arquitecto de Gemelos Digitales, etc.

La industria energética, a menudo conservadora y con una fuerza laboral experimentada y envejecida, se enfrenta a un desafío cultural monumental. El 39% que sí tiene un plan tiene una ventaja competitiva decisiva.

El 61% restante corre el riesgo de quedarse atrás, no por falta de tecnología, sino por falta de gente preparada para manejarla.

La Gobernanza Imperativa – Construyendo Confianza en un Mundo Automatizado

Si la falta de planificación de la fuerza laboral es un riesgo estratégico, la falta de una gobernanza de IA robusta es un riesgo existencial.

Aquí, el informe presenta su estadística más preocupante: solo el 39% de los consultados dijo que su organización cuenta actualmente con principios de IA responsable y con una gobernanza capaz de gestionar riesgos a través del ciclo de la IA Generativa.

Esto significa que una mayoría de las empresas está experimentando con una de las tecnologías más poderosas jamás creadas sin tener barandillas de seguridad adecuadas.

Como concluye Ruíz Moreno, “la IA Generativa tiene el potencial de transformar la industria de la energía, pero este potencial solo se puede aprovechar plenamente si se abordan adecuadamente los riesgos asociados.

Sin una gobernanza robusta, las compañías de energía pueden enfrentar problemas como sesgos en los algoritmos, violaciones de privacidad, y fallos en la seguridad que pueden tener consecuencias graves para los clientes y la infraestructura.”

Los riesgos son profundos y multifacéticos:

  • Sesgos Algorítmicos: Un modelo de IA entrenado con datos históricos podría aprender y perpetuar sesgos existentes. Por ejemplo, podría decidir sistemáticamente priorizar la inversión y el mantenimiento predictivo en redes que sirven a barrios de altos ingresos, dejando a las comunidades de bajos ingresos con una infraestructura menos fiable. Esto no solo es una falla técnica, es un problema ético y social de primer orden.
  • Violaciones de Privacidad: Los medidores inteligentes y otros dispositivos IoT recopilan datos de consumo energético granular que pueden revelar patrones de vida íntimos de las personas. ¿Cómo se utilizan estos datos para entrenar modelos? ¿Están anonimizados de forma segura? Una brecha de estos datos es una violación masiva de la privacidad.
  • Fallos de Seguridad y Ciberataques: Una infraestructura energética controlada por IA es un objetivo de alto valor para actores maliciosos. Un ciberataque que logre engañar o tomar el control de una IA que gestiona la red eléctrica podría, teóricamente, desencadenar un apagón a nivel nacional. La seguridad de los propios modelos de IA contra “ataques adversarios” (inputs diseñados para engañar al modelo) es un campo de preocupación creciente.
  • El Problema de la “Caja Negra” (Black Box): Muchos modelos de IA complejos son difíciles de interpretar. Si una IA toma la decisión crítica de desconectar una planta de energía, ¿pueden los operadores humanos entender por qué tomó esa decisión? La falta de explicabilidad (Explainable AI – XAI) es inaceptable cuando vidas y economías dependen de esas decisiones.

Establecer una gobernanza de IA responsable no es una opción, es una obligación.

Este marco debe incluir: un comité de ética de IA multifuncional con representantes legales, técnicos y de negocio; protocolos estrictos de “humano en el bucle” para todas las decisiones críticas; auditorías regulares de los algoritmos para detectar sesgos; “equipos rojos” (red teams) que intenten activamente vulnerar los sistemas de IA para encontrar fallos de seguridad; y una total transparencia sobre qué datos se usan y cómo funcionan los modelos.

Del Código a la Cultura

El viaje del sector energético hacia la inteligencia artificial está en marcha y es irreversible.

La fuerte adopción de agentes de IA demuestra un claro reconocimiento de su poder para optimizar y asegurar las operaciones del día a día. Sin embargo, este primer éxito oculta desafíos mucho más profundos que determinarán el verdadero legado de esta revolución.

La industria se encuentra en un punto de inflexión. El potencial de la IA Generativa para rediseñar la ingeniería, la estrategia y el descubrimiento es inmenso, pero está actualmente frenado por barreras técnicas, de confianza y de recursos.

Más importante aún, la tecnología está superando la capacidad de las organizaciones para adaptarse.

La alarmante falta de hojas de ruta para la transformación de la fuerza laboral y la ausencia de marcos de gobernanza sólidos en la mayoría de las empresas son las verdaderas amenazas para el progreso.

La lección final del informe de Accenture es que la transformación digital del sector energético es, en última instancia, una transformación humana y cultural.

El éxito no pertenecerá a quienes simplemente compren la mejor tecnología, sino a quienes inviertan en su gente para crear una cultura de colaboración hombre-máquina, y a quienes tengan el coraje de construir un marco ético y de gobernanza que garantice que este inmenso poder se utilice de manera segura, justa y responsable.

El desafío no es solo programar algoritmos, sino forjar un nuevo pacto de confianza entre la tecnología, las empresas y la sociedad a la que sirven. Solo así se podrá construir un futuro energético que no solo sea inteligente, sino también sabio.

 

Por Marcelo Lozano – General Publisher IT CONNECT LATAM

 

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