Programa de Fortalecimiento Gubernamental Argentino de Ciberseguridad: Imperativo Estratégico con Áreas de Mejora Cruciales

La reciente promulgación por el Gobierno Nacional del Programa de Fortalecimiento en Ciberseguridad e Investigación del Ciberdelito (ForCIC), formalizada a través de la Resolución 19/2025 del Ministerio de Seguridad bajo la dirección de la Ministra Patricia Bullrich, representa una respuesta institucional a la creciente y multifacética amenaza del cibercrimen en la República Argentina.
Este programa emerge en un contexto particularmente sensible, marcado por la reciente vulneración de plataformas digitales estatales de importancia crítica, como los ataques sufridos por Mi Argentina y la tarjeta SUBE.
Si bien la formalización de esta iniciativa indica una comprensión gubernamental de la urgencia y la gravedad del desafío en el ciberespacio, un análisis pormenorizado revela la necesidad de una estrategia comprehensiva y sostenida, acompañada de una asignación de recursos congruente con la magnitud de la tarea, para asegurar su efectividad a largo plazo.
La contundente cifra proporcionada por la compañía Lynx Tec, que indica que un 98% de los delitos cibernéticos perpetrados en Argentina involucran alguna forma de ingeniería social, subraya la complejidad de la problemática y exige un enfoque multidimensional que trascienda las soluciones puramente tecnológicas.
Contextualización de la Urgencia Cibernética: Un Imperativo de Seguridad Nacional
La decisión del Gobierno Nacional de implementar el ForCIC debe analizarse en el marco de un panorama global de ciberamenazas en constante evolución y sofisticación.
Argentina, como actor relevante en el escenario internacional, no es inmune a la creciente ola de ataques cibernéticos que afectan a gobiernos, empresas y ciudadanos en todo el mundo.
Este contexto global exige una postura proactiva y una inversión estratégica en capacidades de ciberdefensa. Los incidentes que afectaron a Mi Argentina y SUBE no constituyen eventos aislados, sino síntomas de una vulnerabilidad sistémica que requiere una atención prioritaria y una respuesta coordinada a nivel nacional.
La interrupción de servicios esenciales y la potencial exposición de datos personales de millones de ciudadanos no solo generan una legítima preocupación en la ciudadanía, sino que también erosionan la confianza en la capacidad del Estado para proteger su infraestructura crítica y la información sensible.
La situación actual demanda una estrategia que combine medidas preventivas, capacidades de detección y respuesta robustas, y una colaboración efectiva entre los diferentes actores involucrados.
La justificación oficial del programa, expresada en la Resolución 19/2025, reconoce “el constante incremento de los ciberdelitos y de la cantidad de personas afectadas por estos”, motivando la necesidad de “fortalecer y articular mecanismos coordinados de prevención y de investigación por parte de las fuerzas policiales y de seguridad federales”.
No obstante, la afirmación concurrente de que la medida “no implica erogación presupuestaria alguna” genera serias dudas sobre la factibilidad y el alcance real de las acciones propuestas.
La ciberseguridad, por su naturaleza intrínseca, requiere una inversión continua y sustancial en tecnología de punta, software especializado, formación de personal altamente cualificado y recursos humanos con conocimientos técnicos avanzados.
La ausencia de una asignación presupuestaria específica y transparente podría comprometer significativamente la capacidad del ForCIC para alcanzar sus objetivos declarados y sostener su operatividad en el tiempo.
Un Marco Conceptual Sólido con Desafíos en la Implementación
El ForCIC se articula en torno a una serie de objetivos específicos que, en principio, se alinean con las mejores prácticas internacionales en el ámbito de la ciberseguridad:
Incrementar la capacidad de prevención, detección, análisis, respuesta e investigación de incidentes cibernéticos y ciberdelito: Este objetivo fundamental requiere una inversión considerable en herramientas tecnológicas de última generación para la detección proactiva y el análisis exhaustivo de amenazas, así como en la capacitación especializada de personal en áreas críticas como la ciberinteligencia, el análisis forense digital y la respuesta coordinada a incidentes de seguridad. La mera formulación de este objetivo, sin la asignación de los recursos financieros necesarios, corre el riesgo de diluir su impacto y limitar su alcance práctico.
Fortalecer las actividades de investigación en áreas específicas de delitos informáticos dependientes de las fuerzas policiales y de seguridad federales: La investigación efectiva del cibercrimen exige la posesión de habilidades técnicas forenses altamente especializadas, un profundo conocimiento del marco legal vigente y una capacidad para rastrear y analizar evidencia digital de manera rigurosa y conforme a los estándares legales. El fortalecimiento en esta área implica la creación de unidades especializadas dotadas de equipamiento tecnológico avanzado y personal con formación continua en las últimas técnicas y herramientas de investigación forense digital.
Elaborar métricas específicas sobre la situación del ciberdelito en Argentina, así como de delitos ciberdependientes y ciberasistidos: La generación de datos precisos, confiables y actualizados es esencial para comprender la verdadera magnitud y la naturaleza cambiante del problema del cibercrimen en el país, así como para evaluar la eficacia de las políticas y las medidas implementadas. La histórica carencia de estadísticas consolidadas y metodologías uniformes ha sido una limitación significativa en el abordaje estratégico del cibercrimen en Argentina.
Articular y canalizar, mediante la Unidad 24/7, acciones con las Provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: La colaboración interjurisdiccional efectiva es crucial para una respuesta coordinada y eficiente a los ciberdelitos, que por su naturaleza intrínseca trascienden las fronteras administrativas y requieren una cooperación fluida entre las diferentes jurisdicciones. La Unidad 24/7 se presenta como un mecanismo de coordinación potencialmente valioso, pero su éxito dependerá de la asignación de recursos adecuados, la definición de protocolos claros de actuación conjunta y la voluntad política de todas las jurisdicciones para colaborar de manera efectiva y sostenida.
El fortalecimiento del Comité de Respuestas de Incidentes de Seguridad Informática (CSIRT) y el desarrollo de un “Plan de Respuesta a Incidentes de Ciberseguridad” son componentes esenciales del ForCIC. No obstante, la operatividad y la eficacia de estos instrumentos dependerán de su capacidad para funcionar con un alto grado de autonomía, contar con recursos humanos y técnicos suficientes, y establecer protocolos de actuación claros y actualizados para una amplia gama de amenazas cibernéticas, desde ataques de denegación de servicio hasta la infiltración de malware sofisticado y la exfiltración de datos sensibles.
La Omisión de la Ciberseguridad Post-Cuántica y la Potencialidad de la Inteligencia Artificial
Una limitación significativa en el diseño del ForCIC reside en la ausencia de una consideración explícita y detallada de dos tendencias tecnológicas con un impacto transformador en el panorama de la ciberseguridad: la computación cuántica y la Inteligencia Artificial (IA).

La ciberseguridad post-cuántica se erige como una necesidad ineludible ante el avance inexorable de las computadoras cuánticas, las cuales poseen la capacidad teórica de romper los algoritmos criptográficos asimétricos actualmente utilizados para proteger las comunicaciones y la información sensible en el ciberespacio.
La omisión de esta amenaza potencial en la planificación estratégica del gobierno representa una vulnerabilidad significativa a mediano y largo plazo, con implicaciones potenciales para la seguridad nacional y la confidencialidad de datos críticos.
La transición hacia algoritmos criptográficos resistentes a los ataques cuánticos requiere una inversión temprana en investigación y desarrollo, la adopción de nuevos estándares criptográficos y la preparación para una migración tecnológica compleja y costosa.
De manera análoga, la IA se presenta como una herramienta de doble filo en el dominio de la ciberseguridad.
Mientras que los actores maliciosos emplean cada vez más la IA para automatizar y sofisticar sus ataques, desarrollar malware polimórfico y llevar a cabo campañas de desinformación a gran escala, la IA también ofrece un potencial significativo para fortalecer las defensas cibernéticas.
La detección automatizada de anomalías en el tráfico de red, el análisis predictivo de amenazas, la identificación de patrones de ataque complejos y la respuesta automatizada a incidentes son áreas donde la IA puede mejorar sustancialmente la capacidad de defensa y la eficiencia operativa.
La falta de una estrategia definida para el desarrollo y la adopción de capacidades de IA en el ámbito gubernamental de la ciberseguridad representa una oportunidad perdida para potenciar las defensas del país y mantenerse a la vanguardia en la lucha contra las amenazas cibernéticas.
El Imperativo Presupuestario: Un Factor Decisivo para la Credibilidad y la Sostenibilidad
La declaración de que el ForCIC “no implica erogación presupuestaria alguna” suscita serias reservas sobre la capacidad real del gobierno para implementar las medidas propuestas de manera efectiva y sostenible en el tiempo.
La ciberseguridad es un ámbito inherentemente dinámico y demandante, que requiere inversiones continuas y significativas en infraestructura tecnológica de última generación, licencias de software especializado, programas de capacitación continua para el personal, herramientas avanzadas de investigación forense digital y la colaboración con expertos externos.
La ausencia de un presupuesto específico y transparente asignado al programa sugiere una dependencia excesiva de la reasignación de recursos existentes, lo que podría limitar severamente el alcance, la profundidad y la sostenibilidad de las acciones emprendidas.
Una estrategia de ciberseguridad nacional creíble y eficaz requiere un compromiso financiero claro y una asignación de recursos proporcional a la magnitud de los desafíos.
La Colaboración Interjurisdiccional: Un Pilar Fundamental para una Defensa Cibernética Nacional Robusta y Resiliente
La intrincada naturaleza del ciberespacio, desprovista de las delimitaciones geográficas que caracterizan el mundo físico, exige una estrategia de defensa que trascienda las fronteras administrativas y fomente una sinergia operativa a nivel nacional.
En este contexto, la articulación con las provincias a través de la Unidad 24/7 se erige como un avance positivo y potencialmente transformador en el camino hacia el establecimiento de una respuesta coordinada y cohesionada frente a las amenazas cibernéticas que acechan a la nación.
Esta iniciativa representa un reconocimiento explícito de la interdependencia de las jurisdicciones en la protección del ciberespacio y sienta las bases para una acción conjunta más efectiva.
Sin embargo, es crucial reconocer que la mera existencia de una estructura de coordinación no garantiza automáticamente la consecución de los objetivos propuestos.
La eficacia real y la sostenibilidad a largo plazo de esta colaboración interjurisdiccional dependerán intrínsecamente de la voluntad política genuina y sostenida de las diferentes jurisdicciones para participar activamente y de manera constructiva. Esta voluntad política se manifiesta en la asignación de recursos, la priorización de la ciberseguridad en la agenda gubernamental y el compromiso con los objetivos comunes definidos a nivel nacional.
La colaboración genuina implica un abandono de enfoques puramente individualistas y la adopción de una perspectiva colectiva que reconozca la vulnerabilidad compartida y la necesidad de una defensa unificada.
La falta de este compromiso político puede traducirse en una participación superficial, una resistencia a compartir información sensible o una reticencia a alinear las políticas y los protocolos locales con los estándares nacionales.
Asimismo, la efectividad de la Unidad 24/7 se encuentra intrínsecamente ligada a la definición precisa y exhaustiva de protocolos claros de intercambio de información y coordinación operativa.
Estos protocolos deben abarcar una amplia gama de situaciones, desde la notificación y el análisis inicial de incidentes hasta la coordinación de la respuesta y la persecución de los ciberdelincuentes.
Deben establecerse mecanismos claros para la comunicación segura y eficiente entre las diferentes jurisdicciones, definiendo los canales de contacto, los formatos de la información a compartir y los plazos de respuesta esperados.
La ausencia de protocolos bien definidos y ampliamente aceptados puede generar confusión, retrasos en la respuesta y una pérdida de oportunidades para mitigar los daños y detener a los perpetradores.
La creación de estos protocolos debe ser un proceso colaborativo, que involucre a expertos de todas las jurisdicciones y considere las particularidades de cada una de ellas, garantizando así su aplicabilidad y aceptación generalizada.
Un tercer factor crítico para el éxito de la colaboración interjurisdiccional radica en la provisión adecuada y equitativa de recursos técnicos y financieros por parte del gobierno nacional para fortalecer las capacidades locales.
La disparidad en los recursos disponibles entre las diferentes provincias puede generar un desequilibrio en la capacidad de respuesta y crear puntos débiles en la defensa cibernética nacional.

El gobierno nacional debe asumir un rol proactivo en la identificación de las necesidades específicas de cada jurisdicción y en la asignación de fondos destinados a la adquisición de tecnología de punta, la capacitación especializada del personal y el desarrollo de infraestructuras seguras.
Esta provisión de recursos no debe limitarse a la asistencia puntual, sino que debe contemplar un enfoque a largo plazo que permita a las provincias desarrollar y mantener sus propias capacidades de ciberseguridad de manera sostenible.
La inversión en las capacidades locales no solo beneficia a cada provincia individualmente, sino que fortalece la defensa cibernética nacional en su conjunto, reduciendo la probabilidad de que una vulnerabilidad en una jurisdicción sea explotada para atacar objetivos a nivel nacional.
Finalmente, es imperativo reconocer que la disparidad inherente en los recursos, la infraestructura tecnológica y la capacitación del personal entre las provincias podría representar un obstáculo significativo para la implementación uniforme y eficaz de las medidas de ciberseguridad en todo el territorio nacional.
Algunas provincias pueden contar con una infraestructura tecnológica avanzada y personal altamente capacitado, mientras que otras pueden enfrentar limitaciones presupuestarias y una escasez de profesionales especializados en ciberseguridad.
Esta asimetría puede dificultar la adopción de estándares comunes, la implementación de soluciones tecnológicas interoperables y la participación equitativa en las iniciativas de colaboración.
Superar este obstáculo requerirá un esfuerzo concertado por parte del gobierno nacional para proporcionar asistencia técnica y financiera focalizada en las provincias con mayores necesidades, promover programas de capacitación conjunta y facilitar el intercambio de conocimientos y mejores prácticas entre las diferentes jurisdicciones. En definitiva, construir una defensa cibernética nacional robusta y resiliente exige la creación de un ecosistema colaborativo donde todas las provincias, independientemente de sus recursos, puedan contribuir de manera efectiva a la protección del ciberespacio argentino. La homogeneización de las capacidades, en la medida de lo posible, se convierte en un imperativo estratégico para evitar que la cadena de la ciberseguridad nacional se vea comprometida por su eslabón más débil.
Lecciones Extraídas de los Ataques Recientes: Un Catalizador para la Mejora Continua
Los recientes ataques cibernéticos sufridos por Mi Argentina y SUBE, aunque perjudiciales y generadores de preocupación, ofrecen lecciones valiosas y constituyen una oportunidad para identificar vulnerabilidades existentes y fortalecer las defensas cibernéticas del gobierno.
Un análisis exhaustivo y transparente de estos incidentes, incluyendo la identificación de las causas raíz y las deficiencias en los sistemas de seguridad, debería conducir a la implementación de medidas correctivas y preventivas para evitar la repetición de ataques similares en el futuro.
La transparencia en la comunicación sobre estos incidentes y las lecciones aprendidas es fundamental para generar confianza en la capacidad del gobierno para proteger la información de los ciudadanos y la infraestructura crítica del país.
Hacia una Estrategia de Ciberseguridad Nacional Integral y Resiliente
La creación del ForCIC representa un paso inicial importante en el reconocimiento formal por parte del gobierno argentino de la creciente importancia estratégica de la ciberseguridad.
Sin embargo, para que este programa se traduzca en una mejora tangible y sostenida de la seguridad digital del país, es imprescindible abordar las limitaciones y las omisiones identificadas en este análisis.
Una estrategia de ciberseguridad nacional efectiva y resiliente requiere una visión a largo plazo, una asignación de recursos financieros adecuada y transparente, un enfoque holístico que considere las amenazas presentes y futuras (incluyendo la ciberseguridad post-cuántica y el aprovechamiento estratégico de la Inteligencia Artificial), una colaboración interinstitucional sólida y una coordinación efectiva con las provincias.
El desafío del cibercrimen es complejo, dinámico y transnacional, y su abordaje exitoso exigirá un compromiso político sostenido, una inversión continua en capacidades y una adaptación constante a un panorama de amenazas en perpetua evolución.
La seguridad digital de la nación, la protección de su infraestructura crítica y el bienestar de sus ciudadanos dependen, en última instancia, de la capacidad del Estado para construir una defensa cibernética robusta, proactiva y adaptada a los desafíos del siglo XXI.
Por Marcelo Lozano – General Publisher IT CONNECT LATAM
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