Metaverso: ¿capitalismo de control del siglo 21?

Metaverso, ¿un peligro en potencia?

Metaverso, ¿un peligro en potencia?

Hoy todos hablan del metaverso, en el transcurso de la historia de la humanidad han sucedido descubrimientos científicos e innovaciones tecnológicas que han cambiado nuestra cosmovisión del mundo y nuestro relacionamiento con nuestra generación.

La invención de la imprenta es un claro ejemplo del profundo impacto tuvo en la sociedad y la repercusión en el entendimiento del individuo, la relación entre los individuos y como la divulgación de ideas se expandió más allá de un reducido círculo de intelectuales.

Son puntos de inflexión que hacen oscilar las dinámicas sociales y los paradigmas sociológicos y políticos actuales, el problema es que no siempre es de forma racional.

La vida actual ha acelerado a velocidad warp, presenciamos el surgimiento de la 4ta revolución industrial, sustentada en el conocimiento como factor de valor.

Sin dudas el surgimiento de las redes sociales aceleró el proceso denominado “autoritarismo electoral”.

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Daría la impresión con varios años vividos en este proceso de que la información y la permeabilidad en la comunicación social han dado como resultado un efecto contrario al que pregonaban los visionarios de principios de siglo: la tribalización digital, surgieron microespacios autorreferenciales y la polarización como la autoafirmación se han vuelto tan vulgares como corrientes.

Este tipo de expresiones negativas surgen con la necesidad de encontrar referentes que reafirmen nuestra visión de la actualidad que vivimos.

La arena romana en las redes sociales es un lugar ideal para lograr cierta “zona de confort existencial” frente a una sociedad que, como mínimo, parece líquida y en la que los valores humanos que nos alejaron de las bestias se evaporan como en una tarde de calor.

Estos vomitorios de conceptos huecos se cristianizan y se sustentan con el sesgo de confirmación, mutando cada vez más rápido hacia una sociedad tribal del tipo primitivo con un pensamiento paradigmático inclinado a la radicalización.

Esta radicalización ideológica se sella con la adhesión al grupo y al paradigma, transformándose en una anomalía casi sagrada en el que la visión intersubjetiva predomina ante cualquier acto de singularidad.

Consecuentemente, si a este tipo de propensión le agregamos algún tipo de plan de ingeniería social en el que se maceren diferentes «cajas de resonancia» que ahonden y extienden el paradigma, obtenemos el caldo de cultivo propicio y propiciatorio de multitud de populismos temporales de diferente espectro.

Tomando como antecedente el caso de Cambridge Analytics, reconocemos un contexto sociológico que permite la manipulación y encapsulamiento social mediante la segmentación y adecuación de los mensajes quirúrgicos en las plataformas que sean más permeables, según la métrica y la analítica de los grandes datos.

Los hilos del poder moderno se valen de la emocionalidad como eje de distorsión explícita que aprovechan y ahondan en las comunidades autorreferenciales para lograr los objetivos políticos esperados.

El desafío radica en cómo ese impacto emocional desde redes sociales consigue, desdibujar la propiedad racional de la democracia, cuestiona la herramienta mediadora entre poder y sociedad y excita la aparición de narrativas reaccionarias.

Tanto Facebook como Microsoft promueven una visión para crear una “realidad virtual inmersiva”, un lugar virtual que sea «persistente y sincrónico» en el que todos los que estén inmersos puedan descubrir nuestro estado emocional.

Si tomamos en cuenta el negocio, la privacidad en un contexto cerrado, aparece la primer gran alerta del avance del capitalismo de control, primero fueron por las cámaras y los herramientas de seguimiento georreferenciado. Ahora van por los lugares más oscuros y alejados de la mente humana.

En un “metaverso” tal como lo habilita la tecnología, tener habilidades en  donde la sentimentalidad y la emocionalidad serán visibles para todos, la fuerza grupal crecerá en forma exponencial cuanto más compartimos y cuánto más inmersos estemos.

La geopolítica encontrará un campo de cultivo óptimo para comenzar un proceso de territorialización virtual, abusando a discreción tanto de sesgos ideológicos como de la identidad en un marco de aterritorialidad que va a condicional los derechos fundamentales de las personas y transformarán el concepto de democracia, llevándolo a niveles que no tengo el coraje para imaginarlo.

La tecnología es un catalizador de poder, el dato no solo es el nuevo petróleo, es mucho más que eso, concentra tanto el dinero como el poder real sobre las personas.

El “metaverso” tal como se plantea en manos de un Estado totalitario es un arma de control y condicionamiento permanente.

Lo más elevado de la inteligencia internacional, trabajó durante centurias para saber lo que las personas dicen, hoy podrán con el control de la tecnología, no solo saber lo que dicen, también van a saber lo que sienten.

Sin el control coordinado de las naciones, veremos crear nuevos feudos virtuales, en dónde sin regentes, veremos crecer privilegios que van a condicionar la vida real de las personas.

El metaverso ya se anunció, los departamentos de marketing están trabajando en dar forma al paquete, después no me digan que no lo avisé.

Marcelo Lozano – General Publisher IT Connect Latam

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