¿La tecnología es la nueva soja para Argentina?

Argentina viene soportando una crisis económica que nos obliga a repensar el futuro, y si bien muchos ven a la tecnología como la nueva soja, creo que hay factores culturales empresarios que nublan el panorama.

Las turbulencias económicas en Argentina son una constante cíclica, reiterada y persistente, escapa a la lógica de la tecnología y nos constituimos como un caso de estudio en las principales universidades del mundo.

Ciertamente no es una maldición nórdica lo que le toca vivir a la Nación Argentina, las crisis persistentes son el resultado de una cultura dirigencial que tiene permeabilidad con la corrupción, buscando siempre la elasticidad de la conveniencia, por sobre lo correcto.

El empresario argentino fue plasmado por Richard Wagner en su obra “El Anillo de los Nibelungos”, en dónde la oscuridad de los enanos les permite acumular riquezas, pero son incapaces de sentir.

Empresarios como el Señor Marcos Galperín, sostienen que “Cambiar #Argentina va a tomar 20 años si mantenemos el rumbo. En el camino habrá turbulencias locales, regionales e internacionales. Venimos muy de abajo, pero estamos mejorando. Recordar q no somos Venezuela II por poco!

Las turbulencias no son parte del caos, son parte de una cultura empresaria

Habla un caballero que le ha negado a sus trabajadores la posibilidad de agremiarse en el marco de la actividad tecnológica, habla quien participa de una ley de software de manera fantástica para lo cual tiene aval legal, pero para mí entender parece un cuento fantástico la justificación.

El producto de las ventajas impositivas que un país con un 25% de pobres le otorgó, la invirtió en otro país (Brasil) para trasladar su HQ si las condiciones que le da nuestro vecino son mejores.

Por cierto, las oficinas de la empresa del Señor Galperín en Brasil son muy bonitas desde un sentido estético, algo amargas si pensamos que fueron construidas con esfuerzo argentino.

Es inviable un país en dónde los empresarios del mercado tecnológico piden a sus trabajadores que para beber de la fuente de Mimir, paguen el precio de Odín por acceder al conocimiento.

Cuando el Señor Galperín, en su nuevo rol de “influencer regional”, obtuvo mayor crecimiento empresario fue precisamente cuando íbamos camino a ser Venezuela II, no en estos dos años de corrección de bitácora política.

Contradicción evidente

Esto es al menos una contradicción supina, como el caso de criticar la inclusión previsional y por otro lado promover formas de contratación “modernas”, que afectan a la estabilidad del sistema de seguridad social argentino, detonando el futuro de los jubilados del mañana, los trabajadores de hoy.

Desde el inicio de los tiempos, la empresa es un bien social, no fui yo el que sostuvo que “Las empresas deben existir para servir y no para ganar dinero”, fue su Santidad el Papa Francisco, un viejo gladiador de estas crisis con suficiente autoridad moral para opinar.

“Hablar de empresas nos pone inmediatamente en relación con uno de los temas más difíciles de la percepción moral: el dinero. He dicho varias veces -sostuvo el Pontífice argentino- que el dinero es el estiércol del diablo.”

El Señor Galperín como hábil empresario con reconocido éxito internacional debería contemplar que la principal herramienta para superar una crisis es el diálogo, y no el acallar las voces de quienes con su talento lo han llevado al lugar de privilegio que hoy ocupa.

Las manos llenas de Estiercol

Entiendo que administrar estiércol es una tarea difícil, pero hablar en representación del mercado de la tecnología requiere responsabilidad y mayor humanismo en un mundo cada vez más automatizado.

El 80% de los trabajos a los que podrá acceder mi nieto, hoy no existen, y debemos obrar con responsabilidad para lograr que la tecnología se convierta en la soja del siglo XXI.

Expoliar al sistema educativo para conseguir recursos con el conocimiento mínimo indispensable para las aplicaciones actuales, debería considerarse un delito de lesa humanidad, porque robar el futuro de los jóvenes es tan grave como robarles la identidad.

Automatizar no es agilizar

El señor Musk, CEO de Tesla, se ha dado cuenta que sus fábricas hiper automatizadas, no son ágiles para adaptarse al cambio, y su productividad es paupérrima, habiendo afectado el valor de sus acciones, al punto de caer un 8% la semana pasada.

Muy a pesar del deseo inconfesable de muchos empresarios de categoría nibelunga, “enanos y oscuros” la mano de obra humana como activo social, la creatividad y la capacidad de adaptarnos rápidamente, aún nos garantiza que por varias décadas los trabajadores sean la mayor fuente de riqueza intelectual, en la economía del conocimiento.

Necesitamos modelar un sistema de educación continua que no le pida al trabajador un ojo de la cara como pagó Odín, necesitamos proyectar de manera estratégica el conocimiento, no podemos seguir invirtiendo en capacitar recursos para mantener tecnologías amortizadas que el mundo hoy no reconoce.

La inutilidad empresaria para determinar sobre estos temas quedó plasmada en el fracaso rotundo del Plan 111 mil, un enfermo del corazón haciendo un infarto, en un hospital sin electricidad.

Dialogar, el mejor de los verbos

En lugar de armar una mesa de concertación para planificar el futuro, fueron a la más fácil y sacaron planes educativos de java, como si se tratara de un proceso en una fábrica de chorizos.

No digo que la Asociación Gremial de Computación sea dueña de la verdad, pero confío en la actitud dialoguista y constructivista que sus dirigentes presentan frente al esfuerzo que Argentina requiere.

Los Señores Carmona, Galperín o Migoya devenidos en “influencers” no son otra cosa que atractores extraños que perjudican al desarrollo de la industria, aplicando fuerzas negativas para la evolución del ecosistema.

Cuando camino por el interior del país, y converso con empresarios Pyme del mundo de la tecnología, no dejan de resaltar el estado de abandono y olvido que detentan estos influenciadores, que solo recalan para absorber recursos baratos, desbalanceando el mercado y desbaratando equipos, con promesas guajiras de participar de las grandes ligas mundiales.

Gente grande, parece mentira que, pasados 18 años del siglo XXI, pidan privilegios propios de la primera revolución industrial, cuando intentamos subirnos a la 4ta Revolución Industrial.

 

 

Por Marcelo Lozano – General Publisher IT CONNECT