Argentina: La “cartelización” de la industria tecnológica

Silicon Valley no tiene idea a dónde queda Argentina
Silicon Valley no tiene idea a dónde queda Argentina

Luego de una semana en Silicon Valley, conversando fundamentalmente con empresas medianas en franco crecimiento, pude comprobar que, en Argentina no estamos haciendo crecer la industria, la estamos matando.

Una prueba contundente fue la vergonzosa muestra que dio la CESSI en su evento Federal de Polos Tecnológicos de Argentina, en el cual se pudo ver que la gente del interior del país le pasó su factura por los servicios prestados o mejor dicho, no prestados.

No fue nadie, y a los ojos de los inversores tecnológicos, hemos quedado como un grupo infantil, sin proyección, sin coherencia y fundamentalmente sin proyecto.

No tengo pruebas para hacer una denuncia penal, pero sería muy bueno que alguien se encargue de hacer una auditoría de las enormes cantidades de dinero que ha recibido la Cámara para invertir en educación y analice el resultado que obtuvimos a cambio de ese dinero.

¿tuvimos resultados? ¿a dónde?

En Argentina “cartelizamos” a la industria tecnológica nacional, las oportunidades no son federales, con un par de unicornios, absorbimos talento con la excusa de que participarían de muchos proyectos de escala global y cobran menos dinero por su salario, de lo que cobraban en las Pymes que los educaron y vieron nacer.

Tenemos empresas que le exigen al Estado que paguen la educación de los recursos, que bajen las retenciones, y para colmo se presentan en todas las licitaciones, ahogando a las empresas del interior del país, exigiendo que les compren a ellos.

Algunos empresarios con ambiciones de protagonismo han hecho su jugada con la ley de software, otro error supino, siguen jugando para unos pocos, y sepa querido lector que cuando la estrategia fallida quede expuesta, estaremos ahí para castigar el egoísmo y la falta de patriotismo.

Las economías que se desarrollan sin estrategia solo benefician a los inescrupulosos, como decía el Mercader de Venecia; “El diablo cita la biblia en su provecho. El alma perversa que alega santo testimonio es como un canalla de cara sonriente o hermosa manzana podrida por dentro. ¡Qué buena presencia tiene la impostura!”.

Una industria sin diálogo fructífero entre empleados y contratantes, sin proyecto, sin rubor por espolear al sistema educativo para obtener una mísera cuota de ganancia adicional, una industria que pide excepciones impositivas y no contempla el futuro de la seguridad social de los trabajadores del presente, es sin dudas un gigante con pies de barro.

Una industria que hizo de la contratación de monotributistas, un rito ocultista similar al de los seguidores de Kali, no tiene altura moral para hablar de futuro, cuando sabe positivamente que el futuro de esos trabajadores es potencialmente similar al estrangulamiento que realizaba el Jemadar, ahogando y desmembrando a sus víctimas para calmar la sed de sangre de la Diosa (la industria).

Los que se llenan la boca hablando de Silicon Valley y su grandeza, no tienen idea de como se construye una industria con capacidad transcendental de ser la locomotora laboral que Argentina necesita, para ser protagonista del futuro.

Necesitamos una industria más sofista que enarbole el arte práctico de un buen gobierno, que nos posicione como un jugador de peso global en los próximos 30 años.

Los consejos de los unicornios son tan reales como la existencia real de un unicornio, solo es un relato para alcanzar un beneficio imaginario.

Es hora de sentarse, hablar y acordar una estrategia común en donde todos los actores políticos, académicos, sindicales y del mundo empresario trabajen codo a codo en igualdad de condiciones.

Muchos se excusan de mi visión caustica de la industria, dicen que soy utópico, pero yo sostengo que la utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor.

 

 

Por Marcelo Lozano – General Publisher IT CONNECT

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